Silk, Porcelain and Lacquer: China and Japan and their Trade with Western Europe and the New World, 1500–1644

Cinta Krahe Noblett
Profesora de posgrado, Universidad de Alcalá
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En los últimos treinta años, los estudios sobre la recepción de objetos suntuarios de Asia Oriental han ido ganando terreno y en los departamentos de las universidades más prestigiosas del mundo se han abierto nuevas líneas de investigación sobre los intercambios comerciales y artísticos entre Oriente y Occidente en la Edad Moderna. Gracias a la realización de su tesis doctoral en la Universidad de Leiden (2015) sobre tres de las manufacturas orientales más demandadas en Occidente -seda, porcelana y laca- Teresa Canepa ha reconstruido la historia de los intercambios de estos soportes artísticos entre China y Japón, y la Europa occidental y América. Utilizando una metodología interdisciplinar que combina una rigurosa documentación de archivo, correspondencia, arqueología terrestre y submarina, fuentes visuales como la pintura y los grabados de los siglos XVI y XVII junto al estudio de piezas conservadas en distintas partes del mundo, así como una completísima selección de publicaciones, tanto orientales como occidentales, la autora aclara cuestiones fundamentales para entender la circulación de estas manufacturas entre 1500 y 1644. Se trata de la época que en China se corresponde con la época Ming tardía (1368-1644) y en Japón con los periodos Muromachi (1336-1576) y Edo temprano (1600-1867), y cuando se produjo la incorporación de estas manufacturas a la cultura material de Occidente como objetos de consumo masivo, encargos privados y regalos, tanto en el ámbito secular como en el religioso.

El libro, magníficamente publicado en inglés por el editor Paul Holberton, está articulado en cuatro capítulos. Comienza con una descripción histórica y comercial sobre la penetración de las potencias ibéricas, Portugal y España, en Asia Oriental y continúa después con el avance de las compañías mercantiles de Holanda e Inglaterra para establecer asentamientos comerciales, lo que permite situar estos objetos en un marco más amplio que el meramente artístico. Tras este apartado introductorio, el primer capítulo está dedicado a la seda, un soporte artístico fundamental porque fue el más demandado por Occidente que se exportaba desde los puertos de Cantón y Amoy, pero también el que más dificultad ha planteado a la autora por la escasez de restos conservados. A través de crónicas, correspondencia y tratados redactados por mercaderes, exploradores y religiosos de diferentes nacionalidades, se describen las distintas calidades y tipos de seda china y sus llamativos diseños pero también diferentes aspectos de su comercio como los lugares de adquisición, el empaquetado y su transporte, así como sus precios. Además, se analiza el comercio de la seda en las zonas de influencia de la Monarquía Hispánica y el norte de Europa. Finaliza este capítulo estudiando la influencia del viejo continente en la seda china.

El tercer capítulo, el más extenso, está dedicado al comercio de la porcelana. Elaborada en los alfares de Jingdezhen (provincia de Jiangxi), la porcelana viajaba por dos océanos distribuyéndose después por los cuatro continentes, lo que la convertía en una mercancía globalizada. Para trazar el panorama de su comercio y su recepción en Occidente, la autora analiza todo tipo de documentación (inventarios, almonedas, manifiestos y registros de carga, cuentas, etc.), pero es especialmente interesante el estudio de la porcelana recuperada en los pecios, como el portugués Espadarte, hundido en 1558, que se estudia pormenorizadamente. Asimismo, este capítulo incluye una sección sobre la influencia de Europa en la porcelana china, en el que se analiza la presencia de formas y motivos decorativos europeos en la porcelana de encargo. Uno de los descubrimientos más relevantes de este capítulo es la aparición del que probablemente sea el primer camarín de porcelana, en Portugal en 1563, en el inventario de Teodosio I, V duque de Bragança, una costumbre que se extenderá por todo el continente europeo a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI y durante el siglo XVII. Además, incluye la noticia de la exhibición de porcelana china en mobiliario de distinta índole, como en los aparadores. En la casa romana del banquero portugués Antonio de Fonseca aparecen citadas por primera vez en 1588 varias piezas de porcelana china junto a otros recipientes de loza y terracota. La autora también analiza la aparición de porcelana china en otros espacios domésticos de la élite europea, cómo se exhibía y se guardaba, así como los usos que tenía.

El último capítulo está dedicado al estudio de la exportación de laca japonesa a la Europa occidental y el Nuevo Mundo entre 1580 y 1644. Extraída de la savia del árbol oriental Rhus Verniciflua, se aplicaba como un barniz sobre el soporte de madera para elaborar tanto objetos como piezas de mobiliario, y se ornamentaba con motivos híbridos en dorado y nácar. Estas piezas se hicieron de encargo copiando tipologías europeas o indoportuguesas, tanto para uso secular como religioso, y fueron distribuidas por mercaderes y misioneros tanto españoles como portugueses, pero también a través de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC) y la Británica de las Indias Orientales (EIC). Las lacas fueron muy apreciadas en las cortes europeas, y hoy en día se conserva un importante número de ellas por lo que la autora ha podido realizar un análisis detallado de las mismas además de un pequeño grupo elaborado para el mercado doméstico que aparecen ornamentadas con figuras portuguesas. Por último, cabe señalar que cada capítulo concluye con un resumen que destaca las aportaciones más relevantes en cada materia.

El libro se cierra con varios apéndices: árboles genealógicos de las casas de Avis-Beja, Habsburgo y Orange (apéndice 1), un mapa de alfares de porcelana china de exportación (apéndice 2), y un completo cuadro de naufragios chinos, portugueses, españoles, holandeses e ingleses (apéndice 3), así como una somera descripción de la porcelana china recuperada en los pecios. Además se incluye una cronología de los emperadores chinos y japoneses, así como las equivalencias de las principales unidades de longitud, peso y moneda en los siglos XVI y XVII. Por último, aparecen una completísima bibliografía y un apéndice.

Teresa Canepa es investigadora independiente. El foco principal de su estudio es el comercio portugués y español de porcelana china y laca japonesa en Europa y el Nuevo Mundo durante los siglos XVI y XVII. Doctora por la Universidad de Leiden (2015), ha impartido cursos y conferencias por todo el mundo. Además, es autora de numerosos artículos en publicaciones científicas internacionales.

Jacob Jordaens y España

Victoria Ramírez Ruiz
Universidad Internacional de la Rioja
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Formada por dos volúmenes y magníficamente ilustrada, esta publicación es fruto de una larga investigación realizada por Matías Díaz Padrón, uno de los grandes especialistas en pintura flamenca a nivel internacional, y el equipo de investigación del Instituto Moll, formado por Ana Diéguez-Rodríguez, Jahel Sanzsalazar y Magdala García Sánchez de la Barreda, que constituye un riguroso estudio sobre el gran pintor flamenco y los vínculos que tuvo con España, tanto en su obra pictórica como en su vertiente tapicera.

En el primer tomo, Díaz Padrón ha abordado en detalle cuál fue la relación de Jordaens con España y cómo, si bien no alcanzó en nuestro país con su obra pictórica, la demanda de cuadros, la fama y el éxito que lograron Rubens o Van Dyck, tras su fallecimiento en 1678 sus obras continuaron engrosando los fondos de distintas colecciones españolas hasta el siglo XXI. Sin embargo, fue a través de las tapicerías, basadas en cartones realizados por este autor, por lo que Jordaens puede ser considerado como uno de los más grandes artistas flamencos de esta época.

En su vertiente pictórica, el estudio realizado por Diaz Padrón estudia con detalle los distintos encargos que Jordaens realizó para la familia real española. Para Felipe IV, a través de su contacto con Rubens, consiguió pintar en 1634 uno de los arcos triunfales diseñados por el maestro flamenco para la entrada en Amberes al año siguiente del cardenal-infante don Fernando, nuevo gobernador de los Países Bajos españoles. En 1637 y 1638 colaboró de nuevo con Rubens en el ciclo decorativo destinado a la Torre de la Parada, ocupándose junto a otros artistas del taller de la realización de los grandes lienzos de tema mitológico que debían decorar este pabellón real de caza ubicado en el monte del Pardo, a partir de los bocetos realizados por el maestro flamenco. Y en 1640, Jordaens terminó dos lienzos -Perseo y Andrómeda y Hércules y Anteo, actualmente en el Museo del Prado- que Rubens había dejado inconclusos, destinados a la decoración del Salón de los Espejos en el real alcázar de Madrid.

La obra de Jordaens fue reclamada también por parte de las grandes casas nobiliarias y burguesas, que buscaban los motivos adecuados para decorar sus palacios y las iglesias e instituciones religiosas sobre las que ejercían su patronato. Fue destacada la realización de obra pictórica de este artista que llegó a la ciudad de Sevilla tanto para la Catedral como para la iglesia de san Alberto, o a la ciudad de Sanlúcar de Barrameda, si bien algunos encargos reflejados en los inventarios son puestos en duda en la actualidad.

La influencia que tuvo la obra del flamenco en la pintura española es otro de los temas que Díaz Padrón trata en detalle; al igual que su fortuna crítica y el rastro que ha dejado en las fuentes y en la historiografía hispánica.

Esta completa introducción deja paso a un exhaustivo catálogo razonado de obras de Jordaens relacionadas con España o que han estado en nuestro país en algún momento y que actualmente se conservan en museos y colecciones de todo el mundo.

El catálogo comienza con el estudio de las pinturas, ordenadas en grandes bloques temáticos: religión, mitología e historia, retrato y género.

Las pinturas de Jordaens existentes en España fueron adquiridas principalmente por nobles -a veces pensando que se trataba de obras de Rubens- y eclesiásticos, especialmente en el sur de España, por lo que es probable que llegasen a través del comercio de arte sevillano durante los siglos XVII y XVIII, así como las que llegaron a la Península durante los siglos XIX y XX.

Pero la obra de Jordaens como cartonista de tapices es quizás más destacable aún que su faceta de pintor de retratos y escenas religiosas y mitológicas. Desde sus comienzos en 1615, Jordaens fue conocido como “waterschilder”, en alusión a la técnica a la tempera que se empleaba de forma habitual para la ejecución de cartones para tapices. A lo largo de su carrera, Jordaens recibió encargos de este tipo de las personalidades más destacadas de la época, desde Carlos I de Inglaterra al archiduque Leopoldo Guillermo. Y quizás se pueda afirmar que durante el siglo XVII fuera más conocido para los coleccionistas españoles en su vertiente tapicera que en la pictórica.

Los bocetos para tapices realizados por Jordaens y los cartones y series de colgaduras basadas en sus diseños encargados por la nobleza ocupan otro importante capítulo de la obra, dada la gran popularidad que el pintor logró alcanzar entre esta clientela. En la composición de estas obras, Jordaens demuestra un sólido conocimiento de las fuentes literarias, tanto clásicas como contemporáneas, por lo que en algunos casos las escenas contienen una lectura más profunda de lo que aparentemente parece. Entre ellas, destacan series mitológicas protagonizadas por Aquiles, otras históricas como la de Alejandro Magno, otras de carácter profano y contenido didáctico como la “Escuela de equitación”, así como otras de carácter moralista como “Los proverbios” y “La vida en el campo”.

De todas ellas, quedan en la actualidad modelli y dibujos, como es el caso del diseño de Las bodas de Tetis y Peleo, tapiz que han salido la luz en el último año, y que se conserva actualmente en el Musee des Beaux-Arts de Orleans.

Aunque las menciones sobre las obras de Jordaens recogidas en la tratadística española son muy escasas, y la mayoría de las noticias que se han conservado proceden de documentos notariales, en su mayoría inventarios, hay una noticia clave que refuerza la autoría de Jordaens en el caso de los tapices de la Historia de Aquiles con relación a la corte hispana y que es recogida en esta monografía. Está en relación con Ferdinand Bonaventura Harrat, conde de Harrat, a quien el 10 de marzo de 1673 le fue enviada a España desde Amberes una tapicería de la serie de Aquiles de Rubens con la indicación de que dos de las piezas que la integraban eran “disegno originale dal pintor Jordaens”.

La demanda de tapices de este autor que fueron adquiridos por los principales miembros de la nobleza española fue importante y cuantiosa. Diaz Padrón da cuenta de diferentes estudios donde se han documentado las distintas series de tapicería de la nobleza española en relación a Jordaens cartonista. Entre los grandes coleccionistas de tapicerías de Jordaens en España destacan el conde de Monterrey, el IX almirante de Castilla, el marqués de Caracena o el duque de Medina de las Torres. En la actualidad gran parte de estas piezas se conservan formando parte del patrimonio eclesiástico y en colecciones particulares de la nobleza.

Díaz Padrón y el equipo de investigación del Instituto Moll han revisado las atribuciones y dataciones de un total de 171 obras, comparándolas con los dibujos preparatorios y otras versiones de las mismas salidas del taller de Jordaens y documentándolas con detalle, cuando las fuentes así lo han permitido. Se trata de un sólido y complejo trabajo, debido a la dispersión de las obras por colecciones públicas y privadas de todo el mundo y al hecho de que Jordaens, como Rubens, fue un artista muy variado y tuvo un taller muy activo, con numerosos discípulos y ayudantes.

El segundo tomo está dedicado en gran parte a un catálogo razonado de las obras de tapicería basadas en los modelli y dibujos realizados por este pintor y que aún se conservan en el panorama español, y su vínculo con obras semejantes conservadas tanto dentro como fuera de nuestra tierra.

Las cinco series de tapices basadas en los cartones de Jordaens que, tanto de forma completa como en algunas de sus piezas, tuvieron reflejo en las colecciones nobiliarias españolas, y así lo recoge este catálogo.

El corpus comienza catalogando tres piezas que forman parte de La Historia de Aquiles. Los bocetos para esta serie habían sido encargados a Pedro Pablo Rubens, pero se complementaban con otras tres piezas realizadas por Jordaen: Las bodas de Tetis y Peleo, Tetis llevando a Aquiles ante el oráculo y Pan educando en la música al joven Aquiles. Piezas basadas en los bocetos de Jordaens, sobre el tema de Aquiles, quedan en España en colecciones conocidas solo dos tapices: Las bodas de Tetis y Peleo, tapiz que actualmente se conserva en el palacio de los Golfines de Abajo en Cáceres y el segundo, Pan educando en la música al joven Aquiles, en la Catedral de Santiago de Compostela.

El profesor Diaz Padrón, referencia tres piezas de tapicería, denominadas, Tetis llevando a Aquiles niño ante el oráculo, actualmente en Museum of Fine Arts de Boston, en el Young Legion of Honor Museum Fines Arts de San Francisco, o en el Palacio Real de Turin, semejantes a un tapiz de la serie de la Historia de Aquiles, relacionada documentalmente con personajes diplomáticos destinados en España, como fue el conde Ferdinand Bonaventura Harrach

Los tapices de Jordaens que tuvieron mayor repercusión entre los coleccionistas españoles del siglo XVII y de los que más piezas contamos en la actualidad en nuestro país ilustran La Historia de Alejandro Magno. En la actualidad se conservan piezas en el Museo Santa Cruz de Toledo, en el Instituto Valencia de don Juan y en el Arzobispado de Madrid y en la Iglesia de Santa María la Real de Sansamón.

Dentro de su carácter didáctico, como juego útil para la salud y el cuidado del cuerpo, Jordaens realizó unos bocetos para los tapices que se conocen como “Grandes caballos”, que junto a otros cartones llamados “Caballos pequeños” se complementaban formando una serie mayor que se denominó la serie de tapices de La escuela de equitación. En España se conservan varios conjuntos con este tema, con variación de borduras y tejedores. Entre ellos podemos destacar los que aún se conservan en la colección Alba o los que entraron en la colección del Ayuntamiento de Madrid.

De los tapices que ilustran la vida en el campo o el arte de la caza, concebidos como entrenamiento para el amor, son muy escasos las piezas que se conocen en las colecciones españolas.

Y por último, el catálogo de tapicerías diseñadas por Jordaens se completa con las obras dedicadas a la temática de carácter moralizante, en torno a la educación en los valores del esfuerzo y la prudencia, donde el pintor demostró su conocimiento de las fuentes visuales y escritas flamencas, combinando la seriedad con el sentido del humor.

Dentro de este apartado se catalogan los tapices de Los Proverbios, complementada en las colecciones españolas con Las mujeres celebres. Actualmente una serie se conserva en la catedral de Tarragona y fue propiedad de don Luis Moncada, VII duque de Montalto.

Termina el estudio realizado por el profesor Díaz Padrón con el estudio de un conjunto de obras que, si bien por tradición o documentación, en algún momento se habían atribuido a Jordaens, actualmente se pueden considerar claramente como copias u obras de otros autores.

La monografía se completa con una breve cronología del artista, así como con un interesante apéndice documental, una amplia bibliografía y un útil índice onomástico, que permite sacar un enorme partido a este completo trabajo. En relación a la bibliografía, hay que destacar y agradecer al profesor Díaz Padrón y al equipo del Instituto Moll que, en el análisis de las obras de Jordaens en España, tanto pictóricas como en especial en el caso de los cartones para tapices, den cuenta cumplidamente de los investigadores que han tratado el tema en profundidad.

Con esta obra Díaz Padrón reivindica los nexos que Jacob Jordaens tuvo -siempre bajo la sombra de Rubens- con España, y suma un nuevo volumen a las publicaciones que, desde hace años, apoyado por el grupo Prensa Ibérica ha dedicado al estudio de la presencia en España de obras de los grandes maestros de la pintura fl amenca del siglo XVII, completando una importante laguna existente hasta ahora sobre la doble faceta de pintor y cartonista de tapices de este artista.

A Tempora Talavera de la Reina. Seis mil años de cerámica en Castilla-La Mancha

Pascual Clemente López
Museo de Albacete
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La exposición aTempora. Seis mil años de cerámica en Casti lla-La Mancha (21 septi embre 2018 - 27 enero 2019), organizada por la Junta de Comunidades de Casti lla-La Mancha a través de la Fundación Impulsa Casti lla-La Mancha, muestra más de 1.200 piezas cerámicas originarias de los territorios de las cinco provincias -Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo- que forman hoy la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. Comisariada por Alfonso Caballero Klink, en la muestra colaboran además diversas instituciones públicas estatales (Museo Arqueológico Nacional, Museo Nacional de Artes Decorati vas, Museo Cerralbo, Museo Sorolla, el Museo del Ejército), autonómicas (museos provinciales de Castilla-La Mancha (Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, el Santa Cruz de Toledo y el Ruiz de Luna de Talavera de la Reina), municipales (el Museo del Diseño dependiente del Instituto de Cultura de Barcelona), privadas (Instituto Valencia de Don Juan, coleccionistas particulares) o eclesiásticas (parroquias y conventos de la provincia de Toledo y Cáceres), lo que da una idea de la pretensión enciclopédica de abarcar la historia de la cerámica producida en Castilla la Mancha desde el Neolítico hasta nuestros días.

Talavera de la Reina, conocida internacionalmente como la “ciudad de la cerámica” por exportarse sus lozas por España, Europa y América, es la ciudad que acoge la muestra, que se distribuyó en cuatro sedes (la iglesia de Santa Catalina, el Museo Ruiz de Luna, el Centro Cultural “Rafael Morales” y el claustro de la colegiata de Santa María La Mayor (La Colegial) y se organizó en siete ámbitos:

A. Las tradiciones cerámicas en la Meseta Sur: del Neolítico a la Edad del Hierro.

B. De Iberia a Spania: un recorrido por 1.400 años de cerámicas en Castilla - La Mancha.

C. Ocho siglos de cerámica medieval en Castilla - La Mancha.

D. La cerámica en Toledo: del esplendor mudéjar al siglo XX.

E. El esplendor en el Renacimiento y el Barroco: Talavera y Puente.

F. El Renacimiento de la cerámica talaverana: Ruiz de Luna, Guijo, y Cía. (1908-1961).

G. La cerámica de Talavera de la Reina y Puente de Arzobispo desde finales del siglo XIX hasta nuestros días y los nuevos creadores del siglo XXI.

Los ámbitos A, B, C, D, E y parte del F se mostraban en la iglesia de Santa Catalina, siendo la primera y la principal sede de la exposición. La segunda parte del ámbito F continuaba en la segunda sede, el Museo Ruiz de Luna, concretamente, en la antigua iglesia conocida como El Liceo. El ámbito G se exhibía en el Centro Cultural “Rafael Morales” y, por último, en el claustro de La Colegial una serie de reproducciones fotográficas de cerámica aplicada a la arquitectura, como retablos, frontales de altar o arrimaderos, cerraban la exposición.

Se ha publicado un catálogo, editado por la Fundación Impulsa Castilla-La Mancha, que consta de dos volúmenes que recogen las aportaciones de profesionales de museos, profesores de Universidad o ceramólogos, entre otros.

El primer volumen, De la prehistoria al mudéjar, se articula en cinco artículos de investigación junto a las fichas de catálogo de las piezas. Alfonso Caballero Klink comienza con “Seis mil años de cerámica en Castilla-La Mancha”, donde desarrolla el proyecto de la exposición. Vicente Carranza Escudero, coleccionista y ceramólogo, en el artículo “De colecciones, coleccionismo y coleccionista” desgrana los conceptos de colección y coleccionista aplicados a la cerámica. Su generosidad hizo que desde el año 2001 en la llamada Sala Colección Carranza (Museo de Santa Cruz) se exhiban más de 300 piezas de cerámica y azulejería de su colección, considerada una de las más importantes de España.

Ambos artículos, de carácter introductorio, se completan con los de Gonzalo Ruiz Zapatero (Universidad Complutense de Madrid) y Laura María Gómez García (arqueóloga), que analizan “Las tradiciones cerámicas en la meseta sur: del Neolítico a la Edad del Hierro”; Blanca Gamo Parras y Rubí Sanz Gamo (Museo de Albacete), en “De Iberia a Spania: un recorrido por 1.400 años de cerámicas en Castilla-La Mancha” describen las cerámicas del período de los pueblos prerromanos, principalmente los íberos, los pueblos colonizadores (fenicios y griegos), los romanos y los visigodos; Manuel Retuerce Velasco (Universidad Complutense de Madrid), Antonio de Juan García (Universidad de Castilla-La Mancha) y Paula Garrido Amorós (Universidad Complutense de Madrid) hacen un recorrido por “Ocho siglos de cerámica medieval en Castilla-La Mancha”; y, por último, Mariano Maroto Garrido (ceramólogo) y Pilar Fernández Vinuesa (historiadora del arte) con “La cerámica en Toledo: del esplendor mudéjar al siglo XX” completan este primer volumen. Cabe reseñar las fichas de catálogo de cada una de las piezas expuestas, que permiten conocer en detalle sus características técnicas y estilísticas.

El segundo volumen, Del esplendor de Talavera y Puente a nuestros días, está organizado en ocho artículos de investigación. El primero de ellos, “Una obra inédita de Jan Floris” de Ángel Sánchez-Cabezudo Gómez (Ceramólogo y coleccionista), da a conocer, como el título indica, un panel de azulejos inédito del ceramista renacentista Jan Floris. En el panel se representa la Virgen de Peñitas y se encontraba adherido en un muro en la ermita del mismo nombre en Oropesa (Toledo). Con el segundo, Florencio-Javier García Mogollón (Universidad de Extremadura) aborda la “Azulejería de Talavera de la Reina en la alta Extremadura. Siglos XVI al XVIII”. De nuevo Ángel Sánchez-Cabezudo escribe dos artículos “Las lozas de Talavera: una mirada diferente” y “Puente del Arzobispo: la singularidad del verde”, que actualizan la visión existente en torno a estos centros cerámicos que conocieron su esplendor en la España de la Edad Moderna. Le sigue Fernando González Moreno (Universidad de Castilla-La Mancha), que se centra en el nuevo Siglo de Oro de la cerámica talaverana con el título “El Renacimiento de la cerámica talaverana: Ruiz de Luna, Guijo y Cía”. Los últimos tres estudios son de Domingo Portela Hernando (arqueólogo y ceramólogo) que tratan sobre “La cerámica de Talavera de la Reina en el siglo XX y principios del XXI”, “La cerámica de Puente del Arzobispo en el siglo XX y principios del XXI”, además de “La cerámica contemporánea y de autor en Castilla-La Mancha”. Finaliza con las fichas catálogo de las piezas expuestas en este periodo, que se convierten en un elemento imprescindible de consulta.

El catálogo permite conocer la cerámica de los diferentes pueblos que se asentaron y convivieron desde la prehistoria hasta nuestros días en el territorio que hoy conocemos como Castilla-La Mancha. Tiene un carácter científico y divulgativo, destinado tanto al especialista como al aficionado. Destacamos la presencia de piezas inéditas, algunas de ellas procedentes de las últimas excavaciones realizadas en la Comunidad Autónoma, que han sido restauradas para la muestra y permitirán completar los conocimientos del vasto mapa cerámico castellano manchego, todavía sin concluir, con la presencia de nuevos alfares (Hellín, etc.) que permitirán situar a Castilla-La Mancha como uno de los referentes en la historia de la cerámica en la Edad Moderna.

Artes decorativas en la Granada Moderna según los escribanos de la ciudad

Mercedes Simal López
Universidad de Jaén
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En una árdua labor de investigación realizada durante más de quince años, Lázaro Gila ha conseguido dibujar con precisión en este nuevo libro el panorama de los artistas y maestros artesanos dedicados a las artes decorativas en Granada durante la Edad Moderna, a través de las numerosas noticias que ha localizado con tenacidad entre los fondos notariales de esta ciudad.

Tras su anexión a Castilla, en 1492, el nuevo poder establecido en Granada tuvo que iniciar la dificil y compleja tarea de desmontar toda la compleja trama política, administravia y religiosa musulma y sustituirla por la cristiana, con lo que todo ello conllevó en el ámbito de las artes, ya que a partir de esta época se establecieron en la ciudad numerosos maestros y artístas de todos los órdenes y ramas, creando talleres, admitiendo aprendices y contratando gran cantidad de obras, dado que la demanda excedía con creces a la oferta. Asimismo, el siglo XVII constituye la verdadera “Edad de Oro” para las artes en Granada, gracias a la gran calidad de las mayoría de los trabajos que se realizaron durante la época en que la ciudad se convirtió en una urbe conventual en la que la nobleza, las cofradías y hermandades realizaron importantes encargos, que también llegaron en buena parte desde fuera de la ciudad.

La presente obra recoje un total de 1460 referencias sobre trabajos relacionados con las artes decorativas y los artífices responsables de su realización entre 1508 y 1790, acabando definitivamente con el mito de que la documentación notarial granadina de esta época se había perdido en el incendio acaecido en 1879 de la Casa de los Miradores de plaza Bib-Rambla, en donde se habían recogido tras las disposiciones de la Ley del Notariado de 1862.

No es la primera vez que Lázaro Gila reconstruye de forma documental el panorama artístico granadino durante la Edad Moderna, ya que en 2000 este tenaz investigador publicó un importante corpus de noticias sobre el ámbito de la cantería y la albañilería (Maestros de cantería y albañillería en la Granada Moderna, según los escribanos de la ciudad, Granada, 2000) y otro en 2012 dedicado a la carpintería (Maestros de carpintería en la Granada Moderna según los escribanos de la ciudad, Granada 2008).

El completo corpus se presenta a modo de diccionario, en el que se recojen, ordenadas cronológicamente, las distintas referencias localizadas por Lázaro Gila sobre bordadores, guadamecileros, herreros, rejeros, plateros y relojeros, artilleros, cerrajeros o responsables de fabricar campanas.

La obra se completa con distintas relaciones alfabéticas de maestros bordadores, campaneros y plateros, y los años en que está documentada su actividad, así como dos fundamentales y útiles índices onomásticos y toponímicos.

Sin duda, se trata de una obra de referencia para el conocimiento de Granada durante la Edad Moderna, ya que denota la febril actividad que tuvo la ciudad en todas las actividades artísticas durante la Edad Moderna, tanto a nivel local como en todo el ámbito de Andalucía Oriental, presentando un importante volumen de información hasta ahora desconocido, ya que hasta ahora muchos de los artistas y maestros mencionados en esta obra no estaban apenas documentados ni en su ámbito profesional ni personal, y se desconocía cúal había sido su formación así como la cronología de su producción.

Además, constituye una herramienta fundamental desde el punto de vista de las fuentes documentales, dado que de las noticias contenidas en este corpus son un excelente exponente de las distintas actividades puestas en marcha por la nobleza para decorar sus residencias y patronatos, así como por las cofradías y hermandades, sin olvidar la Catedral y su entorno, que deberán ser tenidas en cuenta para estudios futuros sobre estos temas.